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lunes, 25 de junio de 2018

El Foro "Curas de Madrid y Más" reclama una corresponsabilidad efectiva en la Iglesia


(Jesús María López Sotillo).- El Foro "Curas de Madrid y Más" celebró en la tarde del pasado lunes, día 18 de junio, su segundo Encuentro/Coloquio. En el Saludo inicial, Jesús Copa recordó que el Foro, reuniendo en su seno a personas de los diferentes "estados" eclesiales, quiere ser un ámbito en el que mediante el diálogo libre se busque y promueva el bien de la Iglesia y de la sociedad.

Para ello, pensarán, dialogarán y harán público el resultado de sus reflexiones en torno a asuntos eclesiales y sociales que en su modo de plantearse y de llevarse a la práctica no están contribuyendo hoy en día a la consecución de esos fines. Recordó, asimismo, que quienes decidan participar en este empeño han de tener la seguridad de que serán acogidos y habrán de irse organizando como mujeres y hombres libres, todos de la misma dignidad como seguidores de Jesús de Nazaret en el seno y desde el seno de la Iglesia católica.

Francisco Javier Sánchez, encargado de dirigir un breve momento de Oración, propuso a los presentes como palabras para meditar fragmentos de algunas homilías de Monseñor Romero. Son palabras que dicen que cada cristiano, en su situación personal y desde su puesto dentro de la sociedad, puede contribuir a que se instale y avance el Reino de Dios. Son palabras que anuncian que actuando de ese modo se ira logrando una mejora de las condiciones de vida de muchas personas, especialmente de las mujeres y de los hombres pobres, marginados y sufrientes.




Jesús María López Sotillo, por su parte, en la Presentación del Coloquio y de los Ponentes, hizo notar que los primeros pasos del Foro "Curas de Madrid y Más" dejan entrever que a los organizadores les preocupan hondamente asuntos vinculados con la Eclesiología, es decir, con lo que la Iglesia piensa y proclama de sí misma y con su forma actual de articularse y de funcionar. Hay, a su juicio, algo en todo esto que no marcha bien y que convendría enmendar.
La doctrina y las disposiciones canónicas sobre la situación de las mujeres en la Iglesia es uno de esos asuntos que no marcha bien, como se puso de manifiesto en el primer Encuentro/coloquio, celebrado el 16 de abril. Y lo mismo ocurre con la doctrina y las disposiciones canónicas en torno a la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia, que es el objeto de reflexión propuesto para esta segunda cita.
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Ponentes en el Encuentro del Foro "Curas de Madrid y Más"
Jesús Sastre García, el primero de los ponentes, asumió y llevó a cabo la difícil tarea de expresar y de analizar de forma breve la doctrina católica sobre la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. Sus primeras palabras fueron para señalar que, a su juicio, dicha "corresponsabilidad" es el tercer eslabón de una cadena en la que los dos primeros son la comunión y la comunidad. Tomando como punto de partida la Constitución conciliar Lumen Gentium, destacó como elemento nuclear de la misma su definición de la Iglesia como "comunión".
Comunión de quienes la forman con Dios y de todos ellos entre sí, formando un pueblo, que es llamado a la santidad de sí mismo y de las mujeres y los hombres que lo integran. Un pueblo que proclama a todos los hombres y trata de que se haga realidad la Buena noticia del Reino de Dios que llega. Un pueblo, una comunidad, que para facilitar la consecución de tales fines, se organiza de forma jerárquica.
En el conjunto de este cuerpo doctrinal, que encontramos en la Lumen Gentium, el objetivo primero y principal es, a juicio de Jesús Sastre, la comunión. Mientras que la organización jerárquica es un medio para conseguirla y que sea fecunda. Pero no hay un modo único de articular dicha organización. El que hoy está en vigor, conviene no olvidarlo, continuó diciendo, surgió ligado a las circunstancias históricas reinantes cuando fue cobrando forma.
En la actualidad, sin embargo, el común sentir de los fieles, o, al menos, el sentir más extendido demanda otra articulación, en la que se reconozca la capacidad del pueblo para ser y actuar como sujeto. En esa dirección, dijo, parece que quiere el Papa Francisco que se mueva a la Iglesia cuando habla de reforzar su sinodalidad, un modo organizativo que no se identifica con el modelo democrático, pero tampoco con el absolutismo regio o con una dictadura piramidal.



Pedro José Gómez Serrano, el segundo de los ponentes, comenzó diciendo que tiene la impresión de que en lo tocante a la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia está todo dicho, pero que, sin embargo, no todo está hecho, sino que sigue existiendo un divorcio entre los laicos y los diferentes miembros del clero, en razón del cual éstos se sienten investidos de prácticamente todas las responsabilidades, mientras que al resto de los bautizados apenas les queda otra que no sea la de dejarse guiar por ellos y obedecer sus mandatos. El problema, dijo, viene de antiguo. Hay textos del siglo III que ya reflejan ese divorcio: unos, con Cristo a la cabeza, dirigen la nave de la Iglesia y el resto son simples pasajeros que se fían y dejan llevar.
Los documentos del Vaticano II y otros que vinieron después parece que tratan de cambiar tal estado de cosas, reconociendo la común dignidad que a todos los miembros de la Iglesia concede el haber recibido un mismo bautismo, pero son ambiguos y se prestan a interpretaciones teóricas y prácticas muy diferentes. El propio Pedro José y muchos otros laicos, como él mismo reconoció, tienen sobrada y dolorosa experiencia de ello, pues después de haber escuchado y creído el aspecto renovador de la eclesiología de la Lumen Gentium, que les fue comunicado por los sacerdotes de los que recibieron la catequesis infantil y juvenil, llegaron a sus parroquias otros curas que resaltaban la otra parte de dicha doctrina, la que reafirma la distancia entre el sacerdocio jerárquico y el sacerdocio común de los fieles.
E impusieron su voluntad, logrando que la ilusión, que tanto había costado generar en tantas personas, en poco tiempo se tornara en profunda decepción, que a muchos llevó a alejarse de la Iglesia.
Al tiempo que entre los que, como Pedro José, resistieron sin irse surge una pregunta: cuando la jerarquía habla de corresponsabilidad en la Iglesia ¿habla de algo real, que quiere alcanzar y articular, o es pura retórica? Pues se dice que los bautizados tienen que ser cristianos adultos, pero luego se les exige que se sientan y que se comporten como niños, siempre necesitados de guía espiritual, siempre llamados a aprender y a obedecer.
Para hacer frente a este modo de pensar y que las adversidades no ahoguen su fe, considera muy importante algo que parecía obvio en los tiempos del primer postconcilio: los laicos deben formarse, deben adquirir conocimientos bíblicos y teológicos. A la luz de los mismos pueden ver que es posible y deseable que la Iglesia se articule de modo auténticamente comunitario y fraterno, que es más que de modo democrático, pero no menos.

Carmen Picó Guzmán fue desarrollando su intervención al hilo del relato de su propia experiencia, que en parte es común y compartida con la de su marido. También ellos, como Pedro José, recibieron su formación eclesiológica a través de sacerdotes que les hicieron creer que una Iglesia diferente era posible, menos clerical y más comprometida con la lucha contra la marginación. Pero llegaron después otros curas, con otra eclesiología y la hicieron valer, provocando la desilusión de muchos laicos y laicas que se alejaron de la Iglesia.
Ella y su marido se mantuvieron dentro y les ayudó a ello la formación teológica que habían recibido y la oración personal e incluso conocer experiencialmente durante cierto tiempo la vida monástica. Pero a partir de vivir estos desconcertantes vaivenes eclesiásticos y con la ayuda de la luz que le proporcionan los estudios bíblicos y teológicos, ella lanza una pregunta: ¿qué tipo de vocación es la que quieren despertar en los laicos los sacerdotes o los religiosos y las religiosas que se proponen esa meta?
No es la vocación a vivir la fe en el "estado" que cada bautizado considere idóneo para él o para ella, sino a vivir la fe primero y principalmente como sacerdotes o como religiosos o religiosas. Quedarse en el estado laical es para ese tipo de personas quedarse en un nivel inferior.
Pero ni ella ni su marido, dijo Carmen, viven de ese modo su elección de casarse y seguir siendo laicos. Un laico o una laica con formación teológica es un cristiano adulto, que no necesita la constante guía espiritual de un sacerdote, sino que se puede guiar a sí mismo e incluso guiar a otros. Pero en la Iglesia muchas veces al laico, hombre o mujer, se le sigue suponiendo y admitiendo la caridad y la fe, como virtudes, pero cuesta aceptar que tenga esperanza, y más aún si es la esperanza de contribuir a crear una Iglesia distinta, una Iglesia mejor. En tales circunstancias ¿qué hacer? ¿Cómo vivir la vocación laical? Donde te dejen, hablar; donde te dejen, actuar. Y, mientras, gastar la vida en vivir la fe que nos anima.

Concluida las intervenciones de los ponentes, se abrió el diálogo entre quienes habían acudido al encuentro. La experiencia de la mayor parte de los que tomaron la palabra es similar a la del Carmen y Pedro José. La corresponsabilidad en la Iglesia es un objetivo no ha alcanzado, una ilusión óptica, que se vive durante algún tiempo en las parroquias regidas por párrocos que creen en ella, pero que se desvanece cuando llega otro que quiere hacer valer su autoridad e imponer sus puntos de vista teológicos, litúrgicos, morales, incluso, meramente organizativos.
Especialmente doloroso fue el relato de una feligresa de la parroquia de Santo Tomás de Villanueva en el barrio de Vallecas, en la que desde hace nueve meses están viviendo una experiencia de este tipo. Que, por otra parte, ella sabe y así lo manifestó, no es única, sino que se está dando en diferentes parroquias de nuestra diócesis madrileña. Quedó pues claramente señalado que siguen existiendo dos eclesiologías muy distintas, la de quienes, con palabras de Benjamín Forcano, creen en el sacerdocio común de los fieles como único y particular modo de sacerdocio de los seguidores de Jesús, que siempre fue "laico", y la de quienes siguen distinguiendo entre ese sacerdocio común y el sacerdocio ordenado o jerárquico, que hace distintos a los varones que lo poseen, y no sólo en grado sino también en esencia, y que les otorga, según la propia Lumen Gentium, una dignidad y un poder muy superiores a los del resto del pueblo cristiano, sobre todo a la parte femenina del mismo, cuyo pensamiento y cuya palabra, como señaló Carmen Picó, no vale ni siquiera lo mismo que la de un varón laico.
Frente a tal estado de cosas habría que recuperar, como señaló otra de las mujeres que intervino en el diálogo, la espiritualidad que subyace tras las enseñanzas de Pablo en torno al cuerpo místico de Cristo, en el que una parte no desprecia a las otras, sino que todas saben y valoran lo que cada una aporta al bien del conjunto del organismo y a la bondad y eficacia de las obras que realiza. Quizá así la Iglesia volviera a suscitar interés entre los jóvenes, una mayoría de los cuales, como señalo con pesar un laico, padre de tres hijas, hoy no quiere saber nada de ella.

El Foro "Curas de Madrid y Más" reclama una corresponsabilidad efectiva en la Iglesia

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