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martes, 14 de junio de 2016

"Carta abierta" al Arzobispo de Madrid                                        Don Carlos Osoro Sierra

Madrid 30 de marzo de 2016

Estimado Señor Arzobispo Don Carlos Osoro Sierra:

Ha transcurrido año y medio desde su nombramiento como obispo de nuestra Diócesis. Los miembros del Foro “Curas de Madrid”, que lo recibimos con alegría y esperanza, dedicamos nuestra Asamblea del pasado 17 de febrero a reflexionar sobre la evolución de la Diócesis en estos últimos meses. Queríamos poner en común nuestras opiniones en torno a qué aspectos de la misma nos parecen positivos, cuáles nos generan dudas sobre su razón de ser o sobre su conveniencia, y cuáles están debilitando nuestras esperanzas de que vayan a producirse los cambios que a nuestro juicio la Diócesis necesita.

Deseábamos y creíamos que sería posible hablar con Vd. personalmente de todo esto. En varias ocasiones se lo hemos solicitado. Llegamos incluso a tener fijada fecha y hora para el encuentro. Finalmente desde su Secretaría se nos comunicó que era preciso suspenderlo porque su agenda se había complicado. Se nos dijo asimismo que cuando hubiera un hueco libre en ella para resituarlo nos avisarían, porque de momento estaba muy llena. Ante esta situación, hemos decidido hacerle llegar, de todos modos, nuestras opiniones, aunque esta vez no en privado sino mediante una Carta abierta, pues creemos que puede ser conveniente que nuestro análisis sea conocido por la opinión pública. Proviene de un grupo de sacerdotes repleto de experiencia pastoral y de muchos y reiterados esfuerzos por renovar la Iglesia aplicando y desarrollando las directrices del Concilio Vaticano II.


ASPECTOS POSITIVOS

Durante el año y medio que lleva en nuestra Diócesis hemos observado en su hacer pastoral aspectos que nos parecen positivos. El espacio que aquí dedicamos a hablar de ellos es corto, pues los otros requieren más amplia argumentación, pero ha de saber que les concedemos mucha importancia.

A la hora de señalar el primero y principal de los aspectos positivos el acuerdo entre nosotros ha sido casi total: Nos parece positivo el estilo con el que desde el comienzo ha desarrollado la relación con los distintos tipos de personas e instituciones eclesiales y no eclesiales que su cargo le obliga a mantener. Es un estilo en el que destaca la cercanía con los de dentro y el respeto, la amabilidad, el afán de concordia y, llegado el caso, la benevolencia tanto con quienes se muestran afines a nuestro mundo espiritual como con los que se sienten y manifiestan alejados de él e incluso contrarios al mismo.

Su afán de hacerse presente entre tan amplia y heterogénea gama de personas e instituciones también nos parece digna de resaltar, aunque está haciendo, esperamos que sólo sea de momento, que se dilate bastante el tiempo de espera que han de aguardar quienes por motivos razonables le demandan audiencia privada. Valoramos especialmente su afán de llegar a ámbitos en los que imperan el dolor, la injusticia o una desoladora pobreza, y, una vez en ellos, su actitud de escucha atenta de las quejas y de los anhelos de quienes padecen esos males y de quienes junto a ellos tratan de aminorarlos.

También valoramos positivamente que esté tratando de conocer con detalle cuál es la situación económica real de la Diócesis y que, a la vista de los datos, esté decidido no sólo a sanear las cuentas sino a lograr que la gestión de estos asuntos sea transparente, se atenga a las normas generales del Estado español y esté en consonancia con los principios que contiene y transmite la Doctrina Social de la Iglesia.

ASPECTOS QUE NOS GENERAN DUDAS

Junto a estos aspectos de su hacer pastoral que apreciamos, hay otros que, sin provocarnos un rechazo total, nos generan dudas respecto a su razón de ser o respecto a su conveniencia. Señalamos en primer lugar uno que para usted sabemos reviste mucha importancia: el Plan diocesano de Evangelización. Evidentemente, no puede parecernos mal que los que nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret reflexionemos sobre dicho seguimiento: sobre las razones que lo justifican, sobre los compromisos que conlleva y sobre la tarea de invitar a otras personas a sumarse al grupo de quienes lo llamamos “Maestro”. Pero nada de eso es algo que no estuviéramos haciendo en la Diócesis antes de que el mentado Plan echara a andar, cada cual ya lo hacía según su propia manera de entender, de vivir y de difundir la fe cristiana. Nos parece, por ello, excesivo dedicar a ese asunto tantas personas, tantos recursos y tanto tiempo, tres años enteros. Y, además, no vemos con claridad cuáles son los mecanismos que se tiene previsto utilizar para conseguir que sus  conclusiones contribuyan de modo efectivo a la renovación de la Diócesis y a la mejora de su funcionamiento. 

Hay otros aspectos de su acción pastoral relacionados con la deseada renovación de la Diócesis que también nos generan dudas. La serie de nombramientos que ha efectuado para ocupar los altos cargos que figuran en el organigrama diocesano es uno de ellos. Especialmente nos genera dudas la selección de personas hecha para que tengan asiento en el Consejo Episcopal y se sitúen al frente de las Vicarías, de las Delegaciones diocesanas y del Seminario conciliar. Pidió a numerosas personas e instituciones que le sugiriéramos nombres, y lo hicimos. Ignoramos cuál fue el resultado de tal consulta, pero los hechos muestran que muy pocos de los elegidos por usted tienen y actúan con un estilo “teológico-pastoral” distinto a los estilos que han sido promocionados en la Diócesis durante las tres últimas décadas. Un elevado porcentaje de los mismos ya ocupaba altos cargos anteriormente y sólo ha cambiado de ocupación. Su acercamiento, Señor Obispo, a lo que podríamos llamar el “catolicismo reformista”, un hecho cierto en este último año y medio, no ha dado como fruto una presencia numéricamente significativa de algunos de sus miembros en las instancias diocesanas en las que se debaten y toman decisiones importantes para el funcionamiento de la Diócesis.

En otro orden de cosas, también nos genera dudas respecto a su sentido y conveniencia el notable impulso que está dando a la práctica devocional de la Exposición y de la veneración del Santísimo. Nos encontramos con ella en muchos de los encuentros que usted lleva a cabo con diferentes colectivos diocesanos. Sin duda son otros los motivos que le mueven a hacerlo, pero tememos que con ello parezca que promueve un modo de venerar a Dios y de honrar y de articular la memoria de Jesús en clave de acompañamiento afectivo y de escucha amorosa, oscureciendo el compromiso de fraternidad solidaria que lleva consigo “comer” y “beber” el “cuerpo” y la “sangre” de Cristo en la celebración eucarística.

Este compromiso, preciso es reconocerlo, está siendo realzado constantemente por el Papa Francisco, y usted le secunda en ello. Sin embargo, y aquí planteamos otro aspecto que nos genera dudas, cuando su protagonismo parecía llamado a ser claro y determinante en el Año de la misericordia, vemos  que tal puesto le ha sido arrebatado en el ámbito de la Iglesia universal y dentro de ella también en el ámbito de nuestra Iglesia local por la incitación a recuperar la práctica de la confesión individual. Se nos anima a acudir a ella presentándola como el marco en el que el amor de Dios, perdonando al pecador arrepentido, se muestra con mayor claridad y grandeza, y como el requisito previo para obtener las indulgencias asociadas a la ganancia del jubileo. Dudamos que todo esto tenga sentido y sea conveniente. No sólo es que la dimensión eclesial del pecado quede oscurecida, sino que se vuelve a conducir a los católicos a vivir con un sentimiento constante de culpabilidad moral, sin haber abordado la necesaria reforma de la lista de conductas a las que el catolicismo carga con el calificativo de pecaminosas.

ASPECTOS QUE DEBILITAN NUESTRAS ESPERANZAS DE CAMBIO

Mucho es lo que le llevamos dicho. Sin embargo aún nos queda por hablarle de aquellos aspectos de su hacer pastoral que están debilitando fuertemente las esperanzas que suscitó en nosotros su nombramiento. Llegó a Madrid hablando de que en la Diócesis cabíamos todos, dijo que venía a sumar no a restar, que la suya quería que fuera una “pastoral del encuentro”, más que del enfrentamiento y de la exclusión. Habiendo estado muchos de nosotros y de nuestras comunidades entre los excluidos, entre aquellos con los que no se contaba para sumar, pues se consideraba que nuestra presencia en la Diócesis no sólo era prácticamente innecesaria sino incluso inconveniente, oírle decir esas cosas nos ilusionó. Pero, a día de hoy, nuestras comunidades y nosotros mismos seguimos prácticamente contando tan poco como antes, aunque usted, cuando nos vemos, nos trate con mayor amabilidad y respeto.

No es esto, sin embargo, lo único ni lo que más nos preocupa. Nos preocupa también y mucho, relacionado con lo anteriormente expuesto, que no haya dado absolutamente ningún paso para proceder a una apertura a las distintas corrientes teológicas, incluida la de corte renovador con la que nosotros nos identificamos, en el seno de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso. El pasado día 28 de enero renovó por cuatro años en su cargo al rector, dando con ello un espaldarazo al mantenimiento de su línea de acción. Ello supone que desde sus aulas la universidad va a seguir difundiendo el mismo tipo de doctrina conservadora que ha difundido desde su fundación, que sus alumnos van a seguir recibiendo el mismo tipo de formación que recibían en la época del Cardenal Rouco Varela, que de esa institución seguirán sin salir católicos con las ideas y los argumentos necesarios para llevar a cabo la renovación teológica, moral y estructural que, a nuestro parecer, necesita con urgencia la Diócesis.

Por último, nos preocupa asimismo y grandemente que en los Medios de comunicación en los que usted como Obispo de Madrid o como Vicepresidente de la Conferencia Episcopal tiene poder de influencia y de decisión se siga difundiendo una espiritualidad poco cercana a quienes viven, no por voluntad propia, en los márgenes de la sociedad y a quienes junto con ellos trabajan para lograr que su situación mejore al menos un poco. A menudo en algunos de sus programas y, más en concreto, en muchas de sus tertulias se escuchan opiniones no sólo contrarias a tales personas sino ofensivas para las mismas, pues se las desprecia y ridiculiza. La situación ha mejorado en los últimas meses en el semanario diocesano Alfa y Omega, pero no puede afirmarse lo mismo ni del canal televisivo 13TV ni de la cadena de radio COPE. Ambos medios siguen siendo refugio y altavoz de los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad.


Como le decíamos al comienzo, nos hubiera gustado hablar personalmente con usted de todo esto, pero como la ocasión de que se dé tal circunstancia parece que, debido a sus múltiples compromisos, tardará en producirse, hacemos públicas nuestras opiniones, ejerciendo el derecho y hasta el deber que la Constitución “Lumen gentium” en su número 37 reconoce a los católicos, cuando consideren que su ejercicio puede contribuir al bien de la Iglesia. Reciba con ellas nuestro saludo, que es cordial de todos modos. Y, si así lo decide, sepa que acudiremos a dialogar con usted, cuándo, dónde y cómo prefiera. 

FORO “CURAS DE MADRID”

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