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miércoles, 23 de octubre de 2019

Séptimo coloquio abierto propuesto por el Foro "Curas de Madrid y Más"





SEPTIMO COLOQUIO ABIERTO DEL FORO “Curas de Madrid y Más

NOTA INFORMATIVA

Un cordial saludos a todas las personas que leáis esta Nota informativa. El Foro "Curas de Madrid y Más", que inició su andadura en abril de 2018 como versión actualizada del Foro "Curas de Madrid", tras el paréntesis veraniego, ¡RETOMA SU ACTIVIDAD!

La actual Comisión permanente, que esperamos ver ampliada muy pronto con la presencia de laicos y laicas, acordó en la reunión que celebramos el pasado día 2 octubre reiniciar nuestros Coloquios abiertos el lunes día 11 noviembre. Quedáis convocados y podéis invitar a quienes conozcáis y os parezca que le resultaría interesante y provechoso participar en nuestros encuentros.

Hemos reflexionado en los dos últimos coloquios sobre aquello que hace a los dolientes del mundo elevar sus clamores de queja y suplica al Cielo. Sabedores de que buena parte de esos clamores provienen de los pobres de la Tierra, para el coloquio que va a inaugurar la serie de los que celebraremos este nuevo curso, proponemos, en forma de pregunta, el siguiente tema de reflexión: “¿Bienaventurados los pobres?”. Nuestro deseo es poner en común y dialogar en torno a nuestras opiniones sobre cuál debiera ser la actitud cristiana ante la propia pobreza y la de los demás.

Creemos que es un asunto interesante, sobre el que merece la pena hablar. Aquí tenéis y lo podéis difundir el cartel de este séptimo coloquio. En él figuran los datos concretos en torno al Tema, el Orden del día, las personas encargadas de dirigir cada sección del mismo y lo referente al lugar y a la hora del mismo. Los dos últimos puntos de ese Orden del día, son importantes.


Nos vemos y saludamos el día 11 de noviembre, a las siete de la tarde, como en ocasiones anteriores en uno de los salones de la Parroquia de la Sagrada Familia.




jueves, 11 de julio de 2019

Crónica del 6º coloquio abierto del Foro "Curas de Madrid y Más"





Hay muchos clamores hoy de dolor y suplica. 
Y entre ellos el nuestro

El pasado día 17 de junio el Foro “Curas de Madrid y Más” celebró su 6º Coloquio abierto. El saludo inicial corrió a cargo de Jesús Copa, miembro de la Comisión Permanente. “Muchos o pocos, comenzó diciendo, lo importante es que volvemos a estar juntos”. Juntos y dispuestos, añadió, a que el grueso del encuentro lo empleemos en expresar y en escuchar lo que queramos decir sobre las cuestiones planteadas. Y así fue. Antes, sin embargo, hubo unos minutos de oración en común, dirigida por María Jesús (Chus) Martínez. La escucha de un pasaje del Evangelio de San Juan y de un texto de José Antonio Pagoda nos trasladó al ámbito de la fiesta de Pentecostés, entonces recientemente celebrada, y a reflexionar sobre esos “dones del Espíritu” que enardecen e iluminan. Además de los que mencionan los textos bíblicos, Chus nos habló de otros con los que les gustaría verse enriquecida y pidió al resto de los asistentes que, en forma de oración de súplica, manifestara cuáles son los que le gustaría recibir. A la reflexión nos ayudó la música del grupo de religiosas AIN KAREN, cuya canción Ruah, del disco “Alégrate”, oímos y tatareamos juntos. 

Acto seguido, Jesús Sastre, miembro también de la Comisión Permanente, con una breve intervención, llevó a cabo la tarea de recordarnos cuál era el asunto sobre el que debíamos hacer girar nuestras reflexiones. Para ello fue comentando el contenido del cartel de convocaría: las frases del Éxodo que van insertas en la imagen que contiene y las dos preguntas que, por encima y por debajo de ella, quedan formuladas: 
“He observado la aflicción de los israelitas en Egipto. Su clamor ha llegado hasta mí” 
"Ahora, pues, ¡anda! Te envío a faraón: ¡Saca de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel!" 

¿Qué clamores de dolor lanzamos al Cielo los hombres y las mujeres de hoy? 
¿De qué “Egiptos” habríamos de ayudarnos a salir? 

Nos dijo que, a su juicio, Moisés, antes de vivir la experiencia de la zarza, ya debía andar sumido en su propia reflexión sobre qué postura tomar ante el padecimiento de su pueblo, del que estaba empezando a ser consciente. Ajeno durante años al mismo, por haber vivido bajo la protección de la hija de Faraón en su palacio, 
se ha topado con él y piensa que debe hacer algo para aliviarlo. La voz ardiente de Yahveh que escucha tras la zarza le lleva a la conclusión de que ha de asumir como una misión divina la tarea de librar de la esclavitud a Israel, para cuyo éxito espera contar con su auxilio. Es, continuó explicando Jesús Sastre, una esperanza similar a la de Jesús de Nazaret, cuando, desde su fe en Dios, del que cree y enseña que es Abba, asume el reto de aliviar a los cansados y agobiados, cuyos lamentos escucha y le hacen llorar. Y lo hace siendo consciente de que a él y a quienes le sigan les va a costar sudor y sufrimiento. 


¿Qué clamores son los que hoy brotan de las gargantas de los hombres y de las mujeres que sufren? ¿De qué esclavitudes deberíamos ayudarles a salir? Moisés y Jesús, en sus diferentes circunstancias históricas escucharon los gemidos de las personas sufrientes y se pusieron en macha para ayudarlas. ¿Qué tareas liberadoras deberíamos emprender también nosotros? El coloquio quedaba planteado y abierto. 
Hubo muchas intervenciones, cerca de veinte. Se consiguió, pues, que ocuparan la mayor parte del encuentro. No pudimos, sin embargo, pasar de la expresión y la escucha de respuestas a la primera de las cuestiones planteadas, la relativa a los clamores de dolor y súplica que brotan hoy de nuestras gargantas. Además, se vio enseguida que no es posible dar una respuesta única y simple. Aunque no fue la primera en intervenir, María Ángeles Rodríguez Grajera cuando tomó la palabra señaló con exactitud este problema. Nos dijo que son perceptibles numerosos y muy distintos gritos de queja lanzados a lo alto, porque son muchas y diversas las causas que los provocan. Pero que hay algo que comparten, todos tienen que ver con “la dignidad” o, más exactamente, con la falta de respeto a la dignidad de quienes los profieren. Gritamos lo seres humanos cuando percibimos que nuestra dignidad está siendo mancillada. Gritan, aunque lo hagan sin palabras o con las que nosotros empleamos en su nombre, los otros seres vivos, a los que los humanos masacramos, y la naturaleza, a la que expoliamos o contaminamos. 

Rafael Rojo Sastre compartió con nosotros el elenco de “retos” o “propuestas urgentes y necesarias” que recoge Miguel Ángel Vázquez, Director de Publicaciones de la revista Alandar, en su “Carta al nuevo Gobierno”, que acababa de aparecer publicada en el número de junio, el nº 359. La mayor parte de ellos son retos vinculados a problemas de nuestros contemporáneos más pobres, débiles, marginados o maltratados. El resto de las intervenciones, sin embargo, pronto dejé de moverse en esa línea. Enseguida quienes fueron tomando la palabra comenzaron a referirse no a lamentos de “los otros” sino a sus propios lamentos. A uno, sobre todo, que muchos de los presentes también manifestamos sentir como propio. Es un clamor que comenzó a cobrar cuerpo en nuestro interior hace ya mucho tiempo, a finales de los años setenta del siglo pasado, cuando Juan Pablo II asumió el máximo poder eclesial y comenzó a ejercerlo. Es un clamor que día tras día, con palabras o sin ellas, brotando del fondo de nuestras entrañas cristianas, elevamos a lo alto, a modo de queja y súplica deseando que pudiera ser escuchado y atendido por el Padre nuestro, que está en los cielos. Es un lamento que tiene que ver con la manera con que numerosos miembros de la jerarquía eclesial, obispos y clérigos, nos tratan o con la que vemos que tratan a otros hombres y a otras mujeres, personas la mayoría que forman parte del grupo que más razones tiene para quejarse por su situación personal y social. 



Es una queja que planteamos en muchas ocasiones, es una queja conocida, como expresó algo airado Rafael Rojo, al que antes he mencionado. Pero es una queja, como también queda dicho, muy compartida  en el grupo que constituye el Foro “Curas de Madrid y Más”. Es, desdichadamente, además, una queja que no parece que pronto vaya a dejar de tener sentido. Tiene mucha importancia para nosotros y para las personas a las que amamos o por cuyo sufrimiento sufrimos. Por eso siempre está lista para brotar de nuestros labios. Aunque a muchos jerarcas, obispos o curas, y también a muchos seglares católicos les canse y hasta moleste seguir escuchando. 

Nos duele que, aparte de tener Los evangelios, que son muy claros al respecto, teniendo como tenemos la Gaudium et Spes, con su famoso comienzo, Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”, cincuenta y tres años después de su publicación, la escucha y el alivio de los quejidos de la humanidad doliente no forme parte esencial de la espiritualidad de muchos miembros de la Iglesia. Nos duele que piensen y enseñen y establezcan como verdad cierta e incontrovertible que la esencia del cristianismo es otra, más vinculada al culto que se debe dar a Dios en la liturgia y a refrenar lo que llaman nuestra natural inclinación a obrar el mal. Pero aún nos duele más que, con ojos que no ven y oídos que no oyen, perciban como molestos o injustificados los clamores de la humanidad doliente y que condenen como pecaminosas e ilegítimas las vías que la sociedad y, dentro de ella, algunas personas y grupos eclesiales vamos buscando y poniendo en uso para remediar o para, al menos, hacer más llevaderos los sufrimientos personales, familiares y sociales de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo. 





Habremos de seguir reflexionando sobre todas estas estas cuestiones, pero nuestro 6º Coloquio, con el que cerramos este curso, sirvió para ponerlas sobre la mesa una vez más. 



(Crónica realizada por Jesús L. Sotillo).

sábado, 1 de junio de 2019

Convocatoria VI Coloquio abierto Foro Curas de Madrid y Más


Será el próximo día 17 junio, de siete a nueve de la tarde, como las otras veces, en uno de los salones de la parroquia de la Sagrada Familia. En el anterior, el del 8 de abril, puesto bajo el lema “La gloria de Dios es el bien de sus criaturas”, por cómo desarrolló su intervención nuestra invitada, aunque hubo ocasión de hablar sobre las cuestiones que ella fue planteando al grupo, no lo hubo para dialogar expresamente sobre la cuestión que al hilo del lema del encuentro nos planteábamos: ¿Cómo podemos también nosotros, personal y colectivamente, contribuir hoy al bien de las criaturas? Por ello, nos ha parecido oportuno volver a reflexionar sobre este asunto, aunque planteado de otro modo.

Tomamos como marco de referencia el relato que contienen los capítulos 3 y 4 del Libro del éxodo. En el curso  del mismo Yahveh ʾElohím, sin dejarse ver directamente, habla con Moisés. Le dice que ha observado la aflicción de los israelitas en Egipto y que ha bajado para liberarlos y llevarlos a una tierra que mana leche y miel. Luego añade que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta él, que ha visto la opresión que padecen. Pero, cuando continúa hablando, su discurso da un giro inesperado, un giro que desconcierta y asusta a Moisés: "Ahora, pues, ¡anda! Te envío al faraón: ¡Saca de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel!"




Moisés, como Jack Lemmon a Joe E. Brown en la escena final de Con faldas y a lo loco, le pone mil pegas, a las que Yahveh ʾElohím encuentra solución una tras otra, cada vez más impaciente, hasta que al acobardado Moisés no le queda más remedio que ponerse en camino para cumplir la misión que acaba de serle encomendada.

Con este relato de fondo, nos preguntaremos, en primer lugar, qué quejidos de dolor brotan hoy de la boca de los hombres y mujeres que viven a nuestro lado o de nosotros mismos, qué clamores quisieran o quisiéramos hacer llegar al Cielo. Y a continuación nos preguntaremos de qué "Egiptos opresores" nos pediría ese Yahveh ʾElohím veterotestamentario o el Dios, padre bueno, en quien creemos, que saquemos nosotros, con su ayuda, a las mujeres y a las hombres dolientes.


Tras los saludos iniciales y un breve momento de oración, Jesús Sastre nos presentará el tema. Y, enseguida, abriremos el diálogo, con el deseo de que ocupe la mayor parte del tiempo de nuestro encuentro y dé ocasión a que podamos intervenir cuantas más personas mejor. 

martes, 2 de abril de 2019

Coloquio abierto: "La gloria de Dios bien de sus criaturas", el 8 abril 2019







El Foro “Curas de Madrid y Más” convoca su 5º Coloquio abierto. Tendrá lugar el próximo lunes, día 8 de abril, de siete a nueve de la tarde. Lo celebraremos, como los precedentes, en uno de los salones de la Parroquia de La Sagrada Familia de Madrid. Como ya hicimos en el anterior, queremos que la mayor parte del encuentro tenga como protagonistas a los asistentes, escuchándonos unos a otros expresar nuestros puntos de vista en torno al asunto sobre el que va a girar el diálogo.

Haciendo nuestro un conocido pensamiento de San Ireneo, aunque modificando un poco su formulación concreta, el lema será: “La gloria de Dios es el bien de sus criaturas”. Dentro de la oscuridad de la fe, lo creemos. Y creerlo nos da esperanza en medio de las adversidades de la vida. Pero no sólo eso, creerlo, como quedó de manifiesto en el muy interesante coloquio de febrero, nos mueve a anhelar y a buscar también nosotros el bien de las criaturas. Y de eso es de lo que queremos hablar el día ocho.
Buscaremos y pondremos en común respuestas a la pregunta: ¿Cómo podemos también nosotros, personal y colectivamente, contribuir hoy al bien de las criaturas? (En nuestra España, en nuestro Mundo, en nuestra Iglesia)

Los saludos iniciales correrán en esta ocasión a cargo de Jorge de Dompablo Bernaldo de Quirós, miembro de la Comisión Permanente. María Dolores Merino (Mariló), que viene participando en nuestras asambleas, es quien va a preparar y a dirigir esta vez los minutos de oración. Acto seguido dará comienzo el Coloquio.

Hemos pedido a María Yela García, Directora del Secretariado diocesano de Pastoral penitenciaria, que ha participado también en algunos de nuestros anteriores coloquios, que sea la primera en intervenir. 

Antes de escucharla, Francisco Javier Sánchez González, capellán de la Cárcel de Navalcarnero y miembro de la Permanente, nos hará una breve semblanza suya. Luego oiremos con atención cómo responde ella a la pregunta que nos planteamos en esta ocasión. Y después será el turno de las intervenciones del resto de asistentes que quieran, con libertad y sinceridad, compartir con los demás sus puntos de vista.

Creemos que puede ser un encuentro muy interesante y clarificador en estos días en que no es raro escuchar a personas o grupos que se presentan como “los defensores” del cristianismo y a los que, por cómo se expresan, parece preocupar poco el bien de las criaturas que sufren. 


lunes, 18 de febrero de 2019

“No somos jóvenes, pero somos el futuro de la iglesia”. Crónica del 4º Coloquio abierto

       Según lo previsto, el pasado lunes, día 11 de febrero, nos reunimos quienes nos habíamos hecho eco de la llamada del Foro “Curas de Madrid y Más para, en el curso del 4º Coloquio abierto, narrar y escuchar nuestras experiencias y nuestros sueños en torno a tres cuestiones: 

¿Qué tipo de cristiano o cristiana me enseñaron a ser? 
¿Qué tipo de cristiano o de cristiana he ido siendo lo largo de mi vida? 
¿Qué tipo de cristiano o de cristiana creo que debería hoy y en el futuro inmediato abundar en nuestra Iglesia?


El pasado día 11 de febrero, respondiendo a la convocatoria del Foro “Curas de Madrid y Más, nos reunimos unas treinta personas para, en el curso del su 4º Coloquio abierto, narrar y escuchar nuestras experiencias y nuestros sueños en torno a tres cuestiones:
  • ¿Qué tipo de cristiano o cristiana me enseñaron a ser?
  • ¿Qué tipo de cristiano o de cristiana he ido siendo lo largo de mi vida?
  • ¿Qué tipo de cristiano o de cristiana creo que debería hoy y en el futuro inmediato abundar en nuestra Iglesia?

Entre los asistentes, algunas y algunos que rondaban los ochenta años nos contaron que el tipo de cristiano que les enseñaron a ser fue el de hombres y mujeres que viven preocupados de lo negativo, de lo que no hay que hacer, de las tentaciones a las que no hay sucumbir, de los castigos divinos que hay que evitar. Era un modo de ser cristiano en el que, como dijo una de las participantes, resultaba difícil amar al Dios en el que era obligado creer. Más aún, se lo describían con unos rasgos que, según su propia expresión, lo convertían en un ser al que no sólo no se podía amar sino al que se llegaba a odiar, pues era un temible maltratador de quienes le desobedecían.


 Otras y otros asistentes que rondaban, que rondábamos, los sesenta años, más o menos, todavía alcanzamos a recibir en nuestra infancia una formación cristiana de ese tipo. Pero, más pronto o más tarde, empezaron a llegarnos otras voces, las de quienes habían tenido conocimiento de los textos que “los padres conciliares” fueron aprobando en las sesiones del Concilio de Vaticano II. Esos otros “catequistas” nos enseñaron una manera distinta de seguir a Jesús de Nazaret, un modo diferente de ser cristianos. Nos invitaron a preocuparnos del mundo actual, del “mundo moderno”, a tratar de conocerlo, apreciando y disfrutando lo que tiene de sabiduría y de bondad. Y, a su vez, nos movieron a luchar de modo incansable por aliviar el dolor, el sufrimiento, las injusticias, las miserias de tantos hombres y mujeres que hoy en día lo siguen pasando mal. En esa lucha, de diferentes modos, nos implicamos y en ella nos hemos mantenido durante mucho tiempo. Aunque, como dijo otra de las intervinientes, con el correr de los años fuimos descubriendo que en nuestro ser creyentes debía haber un hueco también para, individual y comunitariamente, pensar en Dios, meditar en torno a su misterio, alabarle por la bondad que creemos posee y ejerce con sus criaturas e implorar su ayuda y su luz.


Finalmente, un tercer grupo, el de los que andaban en el entorno de los cuarenta o el de los treinta años, contó que, generalmente, ya no tuvieron una formación cristiana preconciliar, sino conciliar, y que se sumaron a ese modo de ser cristiano que, creyendo que Dios es bueno, vive sereno, confiando en su amor providente, y tratando de que en nuestro mundo cada vez haya más personas que puedan vivir con dignidad, gozando y disfrutando lo que de hermoso tiene la existencia.


Pero llegó el pontificado de Juan Pablo II y se implantó en las altas esferas eclesiales el firme y decidido propósito de llevar a la Iglesia al día de antes de que Juan XXIII, en 1959, concibiera y pusiera en marcha el Concilio Vaticano II, o, más aún, a mucho tiempo antes, a la época del Concilio Vaticano I, en 1870, cuando la jerarquía eclesial, con Pío IX al frente, dio la espalda de forma oficial al “mundo moderno”, reafirmándose en su condena de las nuevas ideas que había ido alumbrando. Y en esas hemos estado y en esas hemos vivido desde entonces hasta ahora, cuando, aún bajo el gobierno del papa Francisco, quienes quieren mantener a la Iglesia en el pasado mantienen sus convicciones y conservan mucho poder. Poco les importa que su estrategia pastoral no la haya mejorado, sino que la ha conducido a una situación peor que la imperante el 16 de octubre de 1978, cuando el cardenal Wojtyła fue elegido como sucesor de Juan Pablo I. Desde que la pusieron en marcha millones de mujeres y de hombres se han alejado de los templos católicos y muchos millones más han dejado de prestar atención a lo que piensen o enseñen quienes los regentan. Y no es por ignorancia, egoísmo o depravación moral. La mayor parte de ellas y de ellos considera que muchos de los artículos de nuestro credo han perdido credibilidad, que muchos de los preceptos de nuestro código moral no son beneficiosos para bienestar humano y que nuestra estructura organizativa es autoritaria, infantilizadora y discriminatoria. Y, lo que es más desesperante, que no hay voluntad de cambiar nada de eso.



Nosotros, que creímos en el acercamiento al “mundo moderno”, contemplamos desolados ese éxodo. Nosotros que seguimos considerando una tarea inexcusable “la secularización de la Iglesia”, queremos que en ella vuelvan a abundar y se les permita vivir con sosiego los cristianos que retoman ese espíritu. Y que lo hagan, que lo hagamos, siendo conscientes de que hoy ya no es el 8 de diciembre de 1965, cuando Pablo VI clausuró solemnemente el Vaticano II. En 2019 el mundo es muy distinto al de aquel tiempo. Hoy las investigaciones científicas en diferentes campos del saber humano, incluido el del estudio del pasado eclesial y el del pasado bíblico, han aportado muchos conocimientos de los que entonces no disponíamos y que han de ser tenidos en cuenta. Hoy la ciencia y la técnica, en sus diferentes modalidades, han contribuido a cambiar en muchos aspectos nuestra sociedad y nuestros modos de vivir en su seno. Y, aunque como fruto de todo ello, se han producido numerosas mejoras en lo tocante al respeto de los derechos humanos y al mejoramiento de la vida de las personas, sigue habiendo mucho dolor, sigue habiendo muchas injusticias, muchas desigualdades, muchas tristezas, muchas angustias. Por eso el cristianismo que nos gustaría ver crecer y actuar, con el que soñamos y por el que trabajamos, sigue siendo un cristianismo que nos lleva a mantener como tarea inexcusable el reto de poner a la Iglesia al día, al día de hoy, no al de cuando fueron aprobado los documentos conciliares. Por eso, aunque somos pocos y vamos teniendo muchos años, nosotros, que nos ilusionamos con el horizonte eclesial que abrió aquel “aggiornamento”, seguimos siendo el futuro, pues no solo no hemos renegamos de esos sueños, sino que los conservamos vivos. Y los hemos actualizado para sean todavía más soñadores, más del mañana e incluso del pasado mañana. Nos anima el deseo y la esperanza de que, al irse haciendo realidad, la Iglesia, además de decir que lo es, vuelva realmente a ser para muchos luz, levadura y sal en el ámbito del creer y del actuar.