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lunes, 18 de febrero de 2019

Crónica del 4º Coloquio abierto

       Según lo previsto, el pasado lunes, día 11 de febrero, nos reunimos quienes nos habíamos hecho eco de la llamada del Foro “Curas de Madrid y Más para, en el curso del 4º Coloquio abierto, narrar y escuchar nuestras experiencias y nuestros sueños en torno a tres cuestiones: 

¿Qué tipo de cristiano o cristiana me enseñaron a ser? 
¿Qué tipo de cristiano o de cristiana he ido siendo lo largo de mi vida? 
¿Qué tipo de cristiano o de cristiana creo que debería hoy y en el futuro inmediato abundar en nuestra Iglesia?


Entre los asistentes, algunas y algunos que rondaban los ochenta años nos contaron que el tipo de cristiano que les enseñaron a ser fue el de hombres y mujeres que viven preocupados de lo negativo, de lo que no hay que hacer, de las tentaciones a las que no hay sucumbir, de los castigos divinos que hay que evitar. Era un modo de ser cristiano en el que, como dijo una de las participantes, resultaba difícil amar al Dios en el que había que creer. Más aún, se lo describían con unos rasgos que, según su propia expresión, lo convertían en un ser que al que no sólo no se podía amar sino que se llegaba a odiar, pues era un temible maltratador de quienes le desobedecían. Otras y otros asistentes que rondaban, que rondábamos, los sesenta años, más o menos, todavía alcanzamos a recibir en nuestra infancia una formación cristiana de ese tipo. Pero empezaron a llegarnos otras voces, las de quienes habían tenido conocimiento de los textos que “los padres conciliares” fueron aprobando en las sesiones del Concilio de Vaticano II. Esos otros “catequistas” nos enseñaron una manera distinta de seguir a Jesús de Nazaret, un modo diferente de ser cristianos. Nos invitaron a preocuparnos del mundo, a tratar de conocerlo y a aliviar el dolor, el sufrimiento, las injusticias, las miserias de tantos hombres y mujeres que lo pasan mal. Nos movieron a ser hombres y mujeres que aprecian y disfrutan lo que de bueno tiene “el mundo moderno”, y que luchan por mejorar aquello que tiene de malo. En esa lucha, de diferentes modos, nos implicamos y en ella nos hemos mantenido durante mucho tiempo. Aunque, como dijo otra de las intervinientes, con el correr de los años fuimos descubriendo que en nuestro ser creyentes debía haber un hueco también para, individual y comunitariamente, pensar en Dios, meditar en torno a su misterio, alabarle por la bondad que creemos posee y ejerce con sus criaturas e implorar su ayuda y su luz. Finalmente, un tercer grupo, el de los que andaban en el entorno de los cuarenta o el de los treinta años, contó que, generalmente, ya no vivieron una formación cristiana preconciliar, sino conciliar, y que se sumaron a ese modo de ser cristiano que, creyendo que Dios es bueno, vive sereno, confiando en su amor providente, y tratando de que en nuestro mundo cada vez haya más personas que puedan vivir con dignidad, gozando y disfrutando lo que de hermoso tiene la existencia.

Pero llegó el pontificado de Juan Pablo II y se implantó en las altas esferas eclesiales el firme y decidido propósito de llevar a la Iglesia al día de antes de que Juan XXIII, en 1959, concibiera y pusiera en marcha el Concilio Vaticano II, o, mucho mejor, a mucho tiempo antes, a la época del Concilio Vaticano I, en 1870, cuando la jerarquía eclesial, con Pío IX al frente, dio la espalda de forma oficial al “mundo moderno”, reafirmándose en su condena de las nuevas ideas que había ido alumbrando. Y en esas hemos estado y en esas hemos vivido desde entonces hasta ahora, cuando, aún bajo el gobierno del papa Francisco, quienes quieren mantener a la Iglesia en el pasado mantienen sus convicciones y conservan mucho poder. Y eso a pesar de que su estrategia pastoral no ha mejorado, sino que la ha conducido a una situación peor que la imperante el 16 de octubre de 1978, cuando el cardenal Wojtyła fue elegido como sucesor de Juan Pablo I. Desde entonces millones de mujeres y de hombres se han alejado de ella y muchos millones más han dejado de prestar atención a lo que diga o haga. Consideran que muchos de los artículos de nuestro credo han perdido credibilidad, que muchos de los preceptos de nuestro código moral no son beneficiosos para bienestar humano y que nuestra estructura organizativa es autoritaria, infantilizante y discriminatoria. 


Nosotros, que creímos en el acercamiento al “mundo moderno”, nosotros que consideramos una tarea inexcusable “la secularización de la Iglesia”, queremos que en ella vuelvan a abundar y se les permita vivir con sosiego los cristianos que retoman ese espíritu. Y que lo hagan, que lo hagamos, siendo conscientes de que hoy ya no es el 8 de diciembre de 1965, cuando Pablo VI clausuró solemnemente el Vaticano II. En 2019 el mundo es muy distinto al de aquel tiempo. Hoy las investigaciones científicas en diferentes campos del saber humano, incluido el del estudio del pasado eclesial y el del pasado bíblico, han aportado muchos conocimientos de los que entonces no disponíamos y que han de ser tenidos en cuenta. Hoy la ciencia y la técnica, en sus diferentes modalidades, han contribuido a cambiar en muchos aspectos nuestra sociedad y nuestros modos de vivir en su seno. Y, aunque como fruto de todo ello, se han producido numerosas mejoras en lo tocante al respeto de los derechos humanos y al mejoramiento de la vida de las personas, sigue habiendo mucho dolor, sigue habiendo muchas injusticias, muchas desigualdades, muchas tristezas, muchas angustias. Por eso el cristianismo que nos gustaría ver crecer y actuar, con el que soñamos y por el que trabajamos, sigue siendo un cristianismo que nos lleva a plantearse el reto de poner a la Iglesia al día, al día de hoy, no al de cuando fueron aprobados los documentos conciliares. Por eso, aunque somos pocos y vamos teniendo muchos años, nosotros, que nos ilusionamos con el horizonte eclesial que se abrió tras aquel “aggiornamento”, seguimos siendo el futuro, pues no renegamos de esos sueños, los conservamos vivos y queremos hacerlos más soñadores, más del mañana e incluso del pasado mañana. Animados por el deseo y la esperanza de que, al irse haciendo realidad, la Iglesia, además de decir que lo es, vuelva realmente a ser para muchos luz, levadura y sal en el ámbito del creer y del actuar.
Jesús L. Sotillo, 18 de febrero de 2019.

sábado, 12 de enero de 2019

ASAMBLEA DE CURAS - 23 de enero de 2019


ASAMBLEA DE CURAS - 23 de enero de 2019

Residencia sacerdotal “Sagrada familia” - Vicaría II
Calle Antonio Toledano, 23. 2ª Planta
Muy cerca del Metro O’Donnel

Orden del día

10: 00  Saludos iniciales
10:15.  Oración (F. Javier Sánchez González)
10:30   Presentación de la Asamblea (Jesús Sastre) 
10:45   Primer tema de reflexión (Jesús Sastre)
11:30. Breve descanso – Aperitivo allí mismo.






11:45 Segundo tema de reflexión: En torno a nuestra experiencia sacerdotal (Jesús L. Sotillo)

  • ¿Qué tipo de cura aprendí a ser en mis años de Seminario? ¿Cuál fue el modelo que me propusieron?
  • ¿Qué tipo o qué tipos de cura he sido a lo largo de mi vida sacerdotal?
  • ¿Qué tipo de cura creo que es el que deberían ser  los curas en este tiempo presente y en el futuro inmediato?

13:00 Asuntos Varios (Jorge de Dompablo)
  • Comentarios en torno a la situación eclesial y social.

13:30 Descanso hasta la hora de la comida
14:00 Comida



La Comisión Permanente

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Muy lentamente, aunque hay prisa.

Crónica del 3er Diálogo abierto del Foro “Curas de Madrid y Más”



Coherentes con su propósito de ser en la diócesis de Madrid un espacio de reflexión, diálogo y opinión, el FORO “CURAS DE MADRID y MÁS celebró el pasado día 6 noviembre su tercer "diálogo abierto". Acudió al mismo un grupo de casi 40 personas. Laicos y laicas la mayoría, algunos religiosos y unos cuantos sacerdotes. Tras los saludos iniciales, hubo unos minutos de oración en torno a Monseñor Romero, recientemente proclamado, al fin, santo por la Iglesia Católica. La canción El Profeta, de Yolocamba Ita, en memoria suya, así como palabras del propio Romero y de Francisco y de Pedro Casaldáliga sirvieron para reforzar y manifestar el común deseo de los presentes de vivir el cristianismo como fe en Dios que nos impulsa a tratar de que puedan cuantas más personas mejor vivir con dignidad. Sin miseria ni malos tratos, creciendo gozosos en sabiduría y bondad.

Puesto bajo el lema “Con el papa Francisco, por una Iglesia diferente”, abrieron el diálogo los teólogos y profesores Ignacio María Fernández de Torres y Silvia Martínez Cano. El objetivo del mismo era sacar a la luz lo que consideramos digno de elogio y lo que echamos en falta en la manera que está teniendo Francisco de ejercer el ministerio de Obispo de Roma. Ellos, desde sus conocimientos, pero también y muy especialmente desde su experiencia de cristianos activamente implicados en el vivir cotidiano de la Iglesia, fueron los primeros en compartir con el resto de los asistentes sus puntos de vista en torno al actual pontificado.


Ignacio María comenzó su intervención advirtiendo que es arriesgado evaluar la vida y la obra de una persona, como Francisco, que todavía no ha concluido su paso por la historia. Falta conocer su desarrollo completo y dejar que el correr de los años proporcione la perspectiva necesaria para enjuiciarlo.  No obstante cumplió el cometido que se le había encomendado y fue comentando los aspectos positivos que ve en el Papa actual. Quizá porque conoce de sobra que hay quienes no sólo ponen en cuestión la solidez teológica de su magisterio sino que le acusan incluso de hereje, al mostrar los rasgos de su decir y de su hacer señaló sus vínculos con personalidades y con enseñanzas católicas de reconocido prestigio y de innegable ortodoxia: el cardenal Suenens, San Roberto Belarmino, Benedicto XVI, Karl Rahner, Pablo VI, Yves Congar, Juan Pablo II, San Gregorio Magno…

Él, por su parte, destacó como dos de los rasgos que mejor le definen su afán de que la Iglesia esté pegada a la realidad y su deseo de que preste verdadera y eficaz ayuda a las personas concretas, que padecen problemas concretos. En ella no pueden encontrar tranquilo acomodo quienes dañan a las personas o se desentienden de sus padecimientos. Para el Papa, resaltó Ignacio María, la acción evangelizadora, sin ser sólo eso, no puede estar desligada del esfuerzo por lograr una auténtica promoción del desarrollo humano. Su opción por los excluidos, hecha desde una profunda y firme fe en el amor misericordioso de Dios es clara. Y también es clara su convicción de que el acercamiento de los cristianos a quienes sufren e incluso a quienes causan sufrimiento ha de hacerse siempre con una actitud de misericordia, buscando aliviar a unos y mover hacia la conversión a otros. Quiere una Iglesia en la que sus miembros deben conocer y analizar con hondura los problemas del mundo actual. Una Iglesia en la que, desde ese conocimiento, actuando sinodalmente, las mujeres y los hombres que la componen han de buscar el bien de los seres humanos, más aún, el de todos los seres, incluso el del propio planeta, nuestra casa común. A tal efecto no rehúye plantear dichos problemas, sino que los mira de frente y los describe y denuncia. Tampoco tiene reparo en dialogar incluso con quienes no comparten sus puntos de vista. Todo problema debe ser abordado en busca de una solución que lo remedie. Y con todos hay que hablar si eso sirve para encontrarla. Quizá no pueda cambiar la Iglesia todo lo que quisiera, pero está contribuyendo a hacerla mejor, más de Jesús.


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viernes, 26 de octubre de 2018

6 noviembre a las 19:00 horas en Salón actos Parroquia Sagrada Familia



El próximo día 6 de noviembre vamos a celebrar la primera reunión general del curso 2018/2019. Dentro de unos días, cuando ya tengamos plenamente confirmados los nombres del teólogo y de la teóloga que abrirán el coloquio, os haré llegar y difundiremos el cartel del acto. Pero queríamos que lo supierais con antelación suficiente para que podáis ver si incluís este acto en vuestras agendas.

Será, como en las dos reuniones del curso pasado, en el salón de actos de la parroquia de la Sagrada Familia, de siete a nueve de la tarde. Y en esta ocasión vamos a reflexionar sobre el actual pontificado. Sabéis que dentro de la Iglesia hay bastantes personas, incluido un grupo de cardenales, que públicamente hacen duras críticas al Papa Francisco. También hay quienes le aplauden en todo y por todo.


Quienes nos movemos en el estilo de ser cristianos que durante sus diez años de historia vivió y promovió el Foro “Curas de Madrid” y en el que ahora, en su versión renovada, quiere vivir y promover el Foro “Curas de Madrid y Más”, no estamos en ninguno de los dos extremos, ni crítica total ni aplauso continuo al actual Obispo de Roma. De eso queremos hablar el día seis. Hemos puesto el encuentro bajo el lema “Con el Papa Francisco, por una Iglesia diferente”
¿En qué le aplaudimos, en qué nos parece que debiera ir un poco más allá de cara a construir esa iglesia diferente con la que soñamos?

Un teólogo hará  balance de lo que ve positivo en el pontificado de Francisco. 

Una teóloga nos dirá qué echa en falta. Y luego dialogaremos entre nosotros, procurando que esta vez haya más tiempo que en las anteriores para hacerlo. 

Os invitamos a participar. Saludos cordiales.